Todos los meses se realiza el "CAFÉ LITERARIO LETRARTE" en el Centro Cultural Eugenio F. Virla (25 de mayo 265, S. M. de Tucumán) - !!NO FALTES!!. Llevamos ya 10 años consecutivos.

Miriam Frontalini (Córdoba)


MIRIAM DEL VALLE FRONTALINI

Miriam del Valle Frontalini es Docente y estudiante de la carrera de Licenciatura en Educación. Nació en Córdoba, Argentina y ha participado en diversas antologías ganando recientemente una mención en el concurso "Bicentenario de Poesía y Narrativa 2010" de CEN Ediciones (Centro Nacional de Escritores).


Óleo de mujer.

Comenzó a trazar los rasgos de su rostro moviendo suavemente el pincel sobre el lienzo.
Es extraño como se nos pasan los años, sus manos temblorosas y grandes, a los 75, ya no eran lo que solían ser.
En el atelier la luz del sol despuntaba anunciando el primer día del verano, el mismo sol del día en que se conocieron en un pueblito de Ancona, Italia.
Cuando joven sus ojos azules la habían amado. Añoraba cada detalle, cada sonrisa, cada mirada. Se había despertado con la urgencia de recuperarla.
Trazó su frente altiva, orgullosa y un óleo rozado coloreó sus mejillas, esas que se ruborizaron cuando pudo robarle su primer beso.
Sus ojos fueron el gran dilema. La recordaba dormida, recostada en aquella cama en donde la había hecho mujer y se había despedido de ella antes de cruzar el océano.
¿Cómo se hace para olvidar el primer amor?
¿Por qué será que siempre a los seres humanos nos come la duda vertiginosa de cómo hubieran sido las cosas si hubiésemos tenido el valor de tomar otras decisiones?
Y sumido en un remolino de preguntas mezclaba lágrimas con colores, amor, odio y pasiones.
Si bien era experto, un pintor de toda la vida, tardaba entonces en cada fragmento más que horas, sino días. Era su forma de pedirle perdón.
Necesitaba hacerla tan perfectamente igual que ya no importaba el tiempo, la gente, la comida.
Tal vez fueron sus ojos, su mirada al principio indiferente lo que hizo que comenzara a hablar con ella.
Le contó su viaje, su llegada, su trabajo, su matrimonio de años con una mujer que respetó y quiso, con la que hasta tuvo hijos.
Le explicó que muchas veces se sintió enloquecer frente a ese mismo mar que lo vio llegar pero por el cual no se animaba a volver.
Comenzaba el otoño cuando por fin esbozó las primeras líneas de la boca. La gente lo creería loco, a partir de ese momento le pareció escuchar respuesta del otro lado del bastidor.
Los rasgos de la doncella se habían empezado a armonizar, su mirada se había tornado curiosa y de repente se dio cuenta que sin haberlo paneado la dibujó sonriendo, mirándolo de frente.
No quiso que ella le contara su vida. No quería saber si fue de otro, si encontró salida, menos aún si lo había olvidado. La miraba y ella estaba ahí sonriendo como hasta con desenfado.
Se enojó lleno de celos pensando esos labios en otros labios y le gritó a viva voz que él siempre la había amado. Ella, que siempre lo había esperado.
Se acercó hasta el cuadro y la abrazó. Sintió sus caricias, miró sus ojos, enjugó sus lágrimas, estrecho su cuerpo contra el pecho y tuvo ganas de amarla como el mismo día de la despedida.
Se quitó el overol del tiempo y permitió que los óleos bañaran también su cuerpo.
La amó como siempre debió amarla. Porque el amor es desbocado y valiente, porque el amor no se frena, no se apaga.
Ella perdonó su viaje como si sólo fuera una travesura mal planeada y reconquistó el lugar en que aquella noche había sido suya en esa cama.
Una mañana de invierno, le llevaron el desayuno esperando que desistiera por fin, que comiera algo, que bajara del cuarto, que reaccionara.
Encontraron el atelier vacio y sobre el caballete una pintura de un una pareja de jóvenes desnudos, recién dormidos, en una cama de Ancona, Italia.

 Héroes sin tumbas

Nadie recordará su rostro, la historia no hablará de ella, la bandera no cubrirá su ataúd.
María no cierra los ojos en esa cama, está envuelta entre los harapos que ofician de sábanas y el sudor mezclado con pólvora del realista al que acaba de cederle sus dones.
Aprovechando el abismo alcohólico del supuesto semental se viste a las apuradas y sale sigilosamente apañada por la noche. Su vida le va en que no la descubran.
Camina como paria por medio del monte, alejada de las huellas para no ser perseguida. Durante días soporta el clima, el hambre, la sed, la agonía.
Entra de la misma forma que se fue del anterior campamento a la carpa de Belgrano. El general obtiene así valiosa información que lo ayudará en sus planes para desobedecer a Rivadavia y  librar en los días siguientes la más criolla de las batallas: la del Tucumán.
María no lo sabe, pero las mujeres como ella, las que tuvieron batallas consigo mismas debajo de las sábanas, las que tragaron su orgullo y sacrificaron su honor, son los mejores soldados que tuvo la patria. Soldados sin fusiles, soldados sin espadas, soldados del amor.
Nadie recordará su rostro, no habrá de ella pinturas en algún museo, los manuales no la mencionarán. Por eso hoy, parada entre el olvido y el orgullo, embargada del silencio de un imaginario sepulcro, tomo tus dias, esos que se llevó el viento, y escribo en tu lápida de sol, arena y desierto:
"A la mujer argentina, dueña de este soneto,
sean tus luchas estrellas que guíen mis pasos errados
a ganar las indomables batallas,
allí donde los hombres, han fracasado."


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